Cavando tumbas

Ayer fue un día triste en esta casa, Prin, el gato, fue sacrificado luego de años de crisis  producto de VIF (Virus de Inmunodeficiencia Felina). No fue una decisión que le agradase a mis primas, sus dueñas, pero ¿cómo se podía seguir viéndolo así?

Mientras cavaba la tumba en el antepatio me puse a pensar en todas las mascotas que se han enterrado en él (no me habría extrañado encontrarme con alguna en ese momento). En como la única vez que se unieron mi madre y tía Patricia fue por enterrar a China (la gata de ambas), en Nico y su hijo... envenenados hace tiempo, en la rana que me traje a escondidas de niña y en Tuco, el gato de mi abuelo, quien vivió 17 años, el mismo que se pasó día tras día esperando sobre la reja, como hacia cada tarde hasta que mi abuelo llegara aún después de muerto mi abuelo.

Es increíble como un animal puede marcarnos tanto, ya sé que para algunos es mejor tenerlos en foto, pero para mí son importantes, provocan mis carcajadas, sirven de compañía, avisan si entra alguien... en cierta manera llenan un espacio dentro de la familia.

Mis primas están tristes, cosa lógica, sé que con el tiempo traerán otro animal a casa, que pondrán cara de cachorro y esperarán que lo aceptemos (y seguro se saldrán con la suya) pero de momento les duele y tanto.

2 comentarios:

Kareen dijo...

La Flabi, la Reina, el Tobi, la Kuki, el Chip, la Lulú... Mi patio también es un dormitorio final... Mi más sentido pésame; los miembros peludos de la familia siguen siendo familia. A vivir el duelo y a quedarse con todos los bonitos recuerdos; esos que hacen que tener un mascota siempre valga la pena.

Saludos ;)

Aelo dijo...

Sí, hay que conservar los buenos recuerdos. Gracias por pasarte por aquí :)

:)) w-) :-j :D ;) :p :_( :) :( :X =(( :-o :-/ :-* :| :-T :] x( o% b-( :-L @X =)) :-? :-h I-)

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