Parecido familiar

Había prometido salida este fin de semana y a pesar de las pocas ganas de salir, ahí fui de la mano con ella. Como siempre quería ver pinturas, lo que a mí no me gusta nada, así que me preparé para pasar una tarde aburrida con la pequeña.

Eso hasta que pasamos frente a una librería, no sé cual de las dos arrastraba a la otra para entrar, y mientras una se iba a la sección infantil y la otra a histórica no pude dejar de sonreír al pensar que después de todo si hay cosas que nos unen mucho, ésta por ejemplo: los libros.

En la vida real conozco muy pocas personas que gusten de leer, aún menos que comenten los libros conmigo, pero mi hija es una de ellas, es así como podemos discutir sobre si es mejor Artemis o Harry; la estupidez de Meyer y sus vampiros con acné; el maestro de Poe y las comparaciones con Lovecraft; saltar a la literatura chilena, comentar de Sepúlveda y ese gato tan extraño, pasar a Coloane y sus libros con olor a mar; recorrer el país con Alicia Morel y Marcela Paz, ver que Papelucho se aleja cada día más a los niños de ahora, que lo encuentran casi incomprensible y seguir con Rivera y sus títulos... detenernos, pensar en los libros que salen en su lista de lectura para este año y preguntarnos una vez más porqué los profesores creen que los niños son una especie de tontos y les piden libros de moda, que se leen por obligación para no leerlos más y no pedir esos que llegaron a transformarse en clásicos, que valen la pena, que nos llevan a otras partes, nos muestran personajes con tal viveza que pareciera que son amigos nuestros...

Por lo general es en esta parte que veo que mueve la cabeza suspirando, sabe que no tiene caso, me muestra los libros elegidos mirándome con cara digna de gato Shrek sabiendo que no se los negaré.

Si, existe un parecido familiar, el que es mucho mas notorio cuando se nos ve en el metro, ella con su libro en la mano, leyendo voraz, mientras yo, con el mio, espero que lleguemos a la estación para ir comentando camino a casa, sobre un personaje más.

Soy imbécil

Me duele el orgullo, quienes me conocen saben que mi orgullo es grande, por tanto el dolor también lo es. ¿La razón? acabo de enterarme de que ejercí de amante sin saberlo.

El Facebook además de ser una gran red social nos permite encontrar personas que han salido de nuestras vidas por una razón u otra, compañeros de estudio, trabajo, viejos amigos y... claro: EX.

Es así como lo encontré (tiene perfil público) y me he puesto a ver sus  carpetas para descubrir fotos de su boda, de hijos y de su familia en general.

Ya sé, ya sé, me lo gané por chismosa.

Ahora no saco nada con quejarme, ha pasado el tiempo, no se puede cambiar nada, pero el sentimiento de "soy imbécil" no me lo quita nadie.

De regreso

Hace algunos días TG estuvo de mudanza, así que una vez más estoy en mi querido quinto piso de Providencia, es extraño notar como ha cambiado este sitio.

Para empezar los cambios obvios, nuevos edificios, la prohibición de estacionar (hay nuevos estacionamientos a una cuadra de acá), nuevos supermercados, nuevo nochero, nuevo color en las paredes, un nuevo nombre en la puerta...

Recuerdo, antes, siendo practicante, compartiendo este mismo sitio con Rodrigo, Renato, Mauricio, Andrés... de tanto en tanto Víctor y Yerko. Los problemas que empezaron en estas mismas paredes, la pérdida del trabajo (consecuencia de lo primero), los meses buscando luego... esta oficina es gran parte de mi pasado.

Ahora llego aquí con un nuevo cargo, con una nueva empresa, con nuevas personas, con nuevo enfoque, siendo jefa esta vez, sin "ex" a la vista y sobretodo sin los problemas de antes.

Hay cosas que no cambian: mis vecinos del sexto piso, las invitaciones a comer de Juan, don Carlos en su local recordando aún lo que paso a comprar camino a la oficina cada día (hasta predecible soy), los horarios de trabajo (el entrar a las 9 y salir cuando se pueda :P) y claro: Renato (por quien siempre SIEMPRE reclamaré >.< )

Cosas

Este blog cuenta con una versión para móviles (es que estaba muy aburrida)
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