Vecinos

En Castro mis vecinos eran una pareja de ancianos, de esos con arrugas sobre las arrugas, que solo se notaban los fines de semana (cuando llegaban sus nietos) o, el par de veces que les entraron a robar y fueron a nuestra casa a pedir el teléfono. Simpáticos ellos, nunca hicieron dramas por nada y eran los primeros en ofrecerse a cuidar la casa, regar las plantas y alimentar al perro cuando teníamos viajes a un sitio u otro.

Cuando llegué a Santiago tenía por vecinos a un matrimonio ciego, uno que gustaba de andar discutiendo por cualquier cosa y luchaban por "ver" si alguno de ellos acertaba al otro cuando lanzaban los platos (y esto en la madrugada), empecé a extrañar a mis vecinos pre-jurássicos apenas los escuché en esas peleas, a gritos y con platos cayendo. Me pregunto como limpiarían los vidrios luego... en fin, ellos se fueron y disfruté de algunos días de silencio.

Vi que llegaban nuevos vecinos, un matrimonio joven, se los notaba recién casados, supuse que no tendría que preocuparme por peleas de medianoche, pero no contaba con otra cosa: el sexo.

Ahora, imagínense despertar a las tres de la mañana por los escandalosos vecinos (la habitación de ellos comparte pared con la mía), me colocaba las almohadas para amortiguar un poco el ruido, pero aún así lo único que conseguía era estar despierta mientras los escuchaba. Además, eso se repetía constantemente. Vale, no tengo nada en contra de una dosis de actividad sexual, pero... las ojeras empezaron a hacerse evidentes... y no solo en mí, sino que también en mi vecina.

Una de esas noches, en que en verdad quería dormir (me había pasado el día trabajando y corriendo de un lado para otro) no aguanté más esta situación y, en un momento de inspiración grité "¿podrían coger en silencio?" y luego, milagro de milagros, no se escuchó nada más. Me los encontré a la mañana siguiente, ella, al verme se puso más roja que cangrejo cocido, se mudaron a los pocos días.

Luego vi que habían vendido, que ya no se arrendaría la casa del lado y empecé a pensar en que clase de vecino tendría ahora. Quien compró era un chico joven, que no tardó mucho en empezar a hacer arreglos varios en la casa, se escuchaba el ruido de los maestros con martillos y máquinas, pero al menos tenía la consideración de hacer semejante trabajo en horarios decentes. Se mudó al poco después... y no tenía queja alguna, hasta que llegó el fin de semana.

Desperté con el ruido de la música... esperen, eso no es música, esos son alaridos de diversos tipos y en un volumen muy alto. Pensé que era mi sino tener siempre que estar despierta a causa de mis vecinos ¬¬.

Esta noche, permanezco despierta mientras escucho... ¡¡una batería!! ojojó, mi vecino tiene batería nueva y no se le ha ocurrido mejor cosa que ponerse a practicar faltando para la una de la madrugada. ¬¬ ¡¡Estoy harta!!

Pero no, no iré a quejarme por enésima vez, me aburrí de que no me hicieran caso, esperaré a que se canse, que se duerma y entonces saldré por mi ventana, subiré a su techo y empezaré a contratacar con el saxofon ¡¡esto es guerra!! ¬¬

3 comentarios:

Janendra dijo...

Duro con el vecino, que sepa lo que es amar a dios en tierra de indios!

::QueenNotName:: dijo...

jajaja
esas historias de vecinos son memorables
tal parece que la piedra vive incrustada en tu pie y siempre te toca la peor parte, animo a darle lata a el y todo el vecindario

Aelo dijo...

Lo dicho, esto es guerra ¬¬. Pasó dos noches callado (luego de la sesión de ruido que le hice) y ahora ha vuelto con la batería. No importa, estará lloviendo pero igual me subiré a su techo a no dejarlo dormir.

Por suerte al otro lado de él hay un taller, por tanto no vive a nadie y no molesto a otros vecinos.

Saludos a ambas.

:)) w-) :-j :D ;) :p :_( :) :( :X =(( :-o :-/ :-* :| :-T :] x( o% b-( :-L @X =)) :-? :-h I-)

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