La gata

La mayoría sabe que no me gustan los gatos, los encuentro traicioneros, nunca se sabe si van a ronronear o sacarán las garras, no merecen mi confianza, pero, también saben que no faltan gatos en casa (influencia de mi hija). La última, una angora blanca, ha causado más de algún problema, le gusta echarse a dormir sobre la ropa recién planchada (en cuanto me despisto la encuentro sobre ella), en especial si la ropa es negra. Además de que es tan hábil, que es capaz de abrir la nevera y servirse sola... la verdad me tiene harta.

Ahora, la gata ha enfermado, perdió peso, empezó a sangrar por nariz y boca. Pronto la hemos llevado al veterinario, quien ha recetado una infinidad de medicamentos (entre complementos alimenticios y antibióticos).

Pensé que la gata no daría más que hablar, total si ya ha abierto la nevera ¿qué gracia nueva podría tener?. Me equivoqué, ahora recibe llamadas telefónicas. En esta casa llaman a cada rato, pero ¿una llamada a mi gata? es algo que no puedo creer (la llamada era por el control veterinario). En fin, si ahora la gata se pone a hacer malabares, o ha planchar la ropa no me sorprenderé.

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